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Entrevista

Calvo: "Escapé corriendo de mi boda china"

Marta Cuervo | 20/06/2011 - 17:55h.

El corredor extremo leonés, tuvo que 'huir' de la frontera entre China y Kirguizistán porque el jefe de una tribu, que se sentía muy agradecido con él, se empeñó en casarle con una joven.

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Calvo con dos niños vietnamitas que se le cogieron de la mano durante una carrera.

Salva Calvo comenzó a correr con 18 años. Desde aquel momento no ha parado de entrenarse para superar sus metas cada año, y en cada ocasión con unas condiciones más extremas. Asegura que seguirá haciéndolo hasta "que el cuerpo aguante" porque es de la única manera que "se siente vivo".

¿Quién es Salva Calvo?

Una persona bastante simple y normal, he descubierto lo que me gusta y trato de explotarlo, de disfrutarlo al máximo. Tengo mucha suerte por saber lo que me hace feliz y trato de vivir la vida haciéndolo.

Un corredor extremo...

La gente me define en esa categoría. Realizo pruebas extremas, de aventuras, y muy duras, tanto incluso que en algunas de las que he realizado han muerto personas en su intento.

¿Es complicado convertirse en un profesional de este tipo?

Bastante, tienes que tener bastante tiempo, yo dedico todo mi tiempo libre a entrenar, y no solo. Lleva implícita la alimentación, la ropa deportiva, el descanso, la medicina deportiva, en definitiva los cuidados. Tienes que estar a lo último en todos los temas relacionados con este tipo de deportes.

¿Se considera un adicto al sufrimiento?

Rotundamente sí. Hay que sufrir todos los días. Salgo a entrenar a diario y aunque me lo tome con un poco más de calma, siempre busco el punto de sufrimiento para encontrarme a gusto y satisfecho. El sufrimiento forma parte de mi vida.

¿De qué vive un corredor extremo para poder costearse los desplazamientos a cada prueba?

Al principio era más difícil porque me lo tenia que pagar todo, aunque es mi único vicio, todo lo que gano lo invierto en esto. Ahora tengo sponsor que me patrocinan. Las organizaciones de las carreras me llaman, y recibo a menudo invitaciones de asociaciones de España y del extranjero para que participe en muchas pruebas. Te pagan el viaje, la inscripción, el material deportivo, los productos alimenticios... No gano, pero tampoco gasto.

¿No saca ningún beneficio económico?

Beneficio económico no, no como para vivir de ello. Busco más el beneficio personal, que no tiene precio, el superar cada prueba, independientemente del puesto la satisfacción es inimaginable. Aunque acabes en el puesto 40 o en el 200 es emocionante.

En mayo estuviste corriendo en el desierto de Australia, en marzo en la nieve en Siberia, en la Gran Muralla China, en Costa Rica, en Namibia... ¿Te queda algún rincón del mundo por descubrir?

Trato de buscar esos lugares que me quedan. Es cierto que ya he estado en todos los continentes, que me he recorrido muchos países, prácticamente todo Sudamerica, la mitad de Centro América, Asia y África, pero me quedan rincones que tienen mucho que ver, y mientras pueda intentaré buscar alguno con algún tipo de carrera.

Sin salir de nuestra provincia, ¿hay rutas muy duras?

Aquí en León tenemos lugares más interesantes que en Australia. Lo que pasa es que en otros países lo explotan más, con más infraestructuras, aquí lo tenemos un poco abandonado. Tenemos auténticas maravillas, desde la Cabrera, Los Ancares, Babia, Laciana, y Picos de europa, que es un paraíso de montaña.

¿Para todos los niveles?

Hay de todo, ahora mismo en León hay pruebas adaptadas a diferentes dificultades. También contamos con la más dura de España, que se hace entre León Asturias, y Cantabria: la travesera de Picos, en diez días.

¿Cuál es tu anécdota más graciosa?

Me ha pasado de todo -risas-. En la frontera entre China y Kirguizistán me tuve que escapar corriendo porque el jefe de una tribu se empeñó en casarme. La chica era una cría, y resultó por una compensación, el jefe estaba muy agradecido. Cuando viajas llevas tu botiquín porque ahí no hay nada, y a veces ayudas a gente enferma con ibuprofeno.

La más dura...

Cuando han intentado venderme un niño para que me lo traiga a España.

¿De que carrera guardas el mejor recuerdo?

Me han marcado la de la Gran Muralla China, y la de Namibia, especial por lo dura que fue. El cruce de los Andes, de Argentina a Chile que era por parejas, fue bastante emotiva.

¿Algún sitio al que no volvería, o alguna experiencia que no repetiría?

A Australia, no creo que vuelva, el país no me termina de convencer. Puede sonar exótico por estar al otro extremo, pero como país no le encuentro lo que yo busco, contacto con la naturaleza y con la gente.

¿Qué se le resiste?

El Ultra Trail del Mont Blanc, lo hice, y me gustaría repetir porque se me quedó clavada la espina. Iba con unos objetivos que se me fueron al traste... me hubiera gustado hacerlo mejor, aunque las carreras no siempre salen como quieres. Me fracturé cuatro dedos de los pies, fui arrastrándome toda la carrera y sufriendo lo insufrible.

El cuerpo se expone al límite...

En esta última de Australia, a mitad de carrera me entró una diarrea impresionante. Estaba debilitado y deshidratado, no podía andar. A veces acabas pero no sabes cómo.

Su lema: no rendirse nunca

Ese es mi objetivo. A veces te aconsejan que abandones. En Australia, hace un mes, llegué a orinar sangre. Yo sabía por qué era, y no dije nada porque sino el médico me hubiese retirado de la carrera y mi objetivo era acabar como fuera.

¿Cuál es su tope?

No lo he buscado, creo que no existe. Yo seguiré corriendo mientras pueda y el cuerpo me lo permita. A veces considero que algunas pruebas son lo máximo, pero siempre se superan. En Italia hice 340 kilómetros sin parar con 24.000 metros de desnivel positivo, pero después llegó el desafío de Australia, 590 kilómetros, y ahora me ha llamado un chico, en Nepal, que quiere hacer una de 380 kilómetros a 4.000 metros de altitud.

Su sueño...

Seguir como estoy, que me dejen seguir haciendo lo que hago, que es mi filosofía de vida, es lo que realmente me hace sentir estar vivo.

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