'Matar judíos', ¿tradición o expresión antisemita?

Limonadas.

InfoBierzo

Cada año, por Semana Santa, la tradición en León manda ir a 'matar judíos', expresión con la que se denomina el consumo de limonadas en la comarca del Bierzo y en el resto de la provincia de León. Pero ese nombre, entroncado con la Historia, hiere sensibilidades entre la comunidad judía, que lo considera un vestigio del antisemitismo que imperó en gran parte de España en siglos pasados. Los clientes de los bares y bodegas leonesas lo tienen claro: el nombre tiene que ver con la tradición y no se busca ofender a nadie. Pero desde la Red de cultura judía en España Tarbut Sefarad, su presidente, Mario Sabán, critica que es una muestra de la “mentalidad inquisitorial” que aún sobrevive en cierta parte de la población española, “que parece añorar los tiempos en los que se podía quemar a los judíos”.

'Matar judíos' es una tradición ligada a la Semana Santa y a la limonada de vino, la bebida más típica de estas fiestas de Pascua. Según las teorías historiográficas más aceptadas, el nombre nace en la ciudad de León, donde un importante colectivo sefardí había fundado una judería en el barrio de Santa Ana de la capital provincial.

Según los historiadores, mediado el siglo XIV, el noble leonés Suero de Quiñones, famoso por su defensa, en 1434, del puente sobre el río Órbigo, fue el impulsor de la tradición. El noble, señor de Navia, tenía una deuda con un prestamista judío de la ciudad y, para evitar su pago, recordó a los cristianos la implicación de los judíos en la muerte y crucifixión de Jesucristo. El Jueves y el Viernes Santo de ese año, Suero de Quiñones y otros caballeros leoneses arrasaron la judería leonesa y asesinaron a varios judíos. Tras la matanza, los caballeros celebraron la 'hazaña' bebiendo vino.

Otro de los posibles orígenes de la expresión tiene que ver, precisamente con una estrategia de las autoridades encaminada a evitar que, con motivo de la Semana Santa, los cristianos repitieran las correrías de Suero de Quiñones y reprodujeran los ataques a judíos. En unas fechas marcadas por la abstinencia y el ayuno, en las que la espiritualidad prohíbe el consumo de bebidas alcohólicas, las autoridades permitieron a las tabernas servir un vino rebajado con agua y azúcar –que hoy conocemos como limonada- para provocar que los atacantes se emborracharan y no consiguieran llevar a cabo sus fechorías.

Sabán recuerda que “no hay manera de saber a ciencia cierta de dónde surge la tradición”. El presidente de la Red Tarbut Sefarad admite que uno de los orígenes de la tradición podría tener que ver con los “pogromos” realizados por cristianos en las juderías durante la Semana Santa. Según Sabán, el otro origen plausible para la expresión podría tener que ver con que los propios judíos eran los que regalaban vino a los cristianos para salvarse de la ira de los mismos. “Queda claro que es una tradición antisemita aunque no está claro el motivo”, sentencia Sabán.

Otras expresiones ligadas a la comunidad judía en el castellano

El presidente de la Red de cultura judía en España también explica que los asaltos a las juderías fueron una constante durante la edad media en España, incluso desde tiempos de los visigodos, que tomaron sus primeras medidas antisemitas a partir del año 586, cuando el rey godo Recaredo se convirtió al catolicismo. Esta presencia de población judía en la península provoca que el castellano esté plagado de frases relacionadas con la presencia hebrea, muchas de ellas con contenido peyorativo.

Entre ellas, destaca el uso de la palabra “judiada”, que según la Real Academia Española es una “mala pasada o acción que perjudica a alguien”. Sabán recuerda que la comunidad judía denunció en 2012 ante la RAE este uso pero la Academia lo ratificó amparándose en la tradición y en que había sido usado por escritores como Pérez Galdós o Baroja. “El diccionario no puede ser políticamente correcto ni dedicarse sólo a recoger bondades porque con la lengua enamoramos y con la lengua insultamos”, explicaron entonces los académicos.

“Es grave y muy triste que una Academia de la Lengua reaccione así en pleno siglo XXI”, lamenta Sabán. “Me gustaría ver qué pasaría si en el diccionario hebreo hubiera un término ofensivo para el cristianismo, estoy seguro que pondrían el grito en el cielo”, remata el presidente de Tarbut Sefarad.

El pasado judío de Ponferrada

La historia de Ponferrada tampoco está libre de episodios de ataques a la población de origen judío. Cuenta la leyenda que, durante la Edad Media y coincidiendo con las festividades de Semana Santa, los hebreos residentes en la capital berciana robaron el Cristo de los Judíos, un pequeño crucifijo que en la actualidad se conserva en el convento de las Concepcionistas de Ponferrada. Según este relato, los judíos se llevaron el objeto sagrado a la sinagoga para escarnio de los cristianos, que al pasar por delante del templo oyeron los gritos y descubrieron la afrenta. Según las crónicas, los judíos fueron víctimas de “públicas manifestaciones de desagravio y de indignadas represalias”.

La capital del Bierzo también tiene otras huellas judías en su historia. De hecho, uno de los barrios de la ciudad lleva el nombre de Barrio de los Judíos, entre el parque de El Plantío y el cauce del río Sil. En esa zona, existió una antigua sinagoga, más tarde convertida en la bodega La Bóveda, cerca del lugar donde hoy en día se levantan las oficinas de Hacienda.

La provincia de León, así como El Bierzo, siempre han sido territorio de limonadas y, de cara a esta Pascua, las dos cooperativas vinícolas de la comarca berciana –Cacabelos y Camponaraya- así como la bodega Prada a Tope han elaborado cerca de 45.000 botellas de este vino endulzado con azúcar y aderezado con frutas, canela y el toque personal y secreto de cada productor.

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