Carlos Suárez: “En las series de televisión es donde probablemente más aportaciones se producen a la hora explorar nuevas posibilidades narrativas”

Carlos Suárez.

Manuel Cuenya

Periodista y autor de la reciente 'Una mujer en Pigalle', Carlos Suárez, con un nombre homónimo al del director de fotografía y hermano del cineasta Gonzalo, es un leonés que vive en Madrid desde hace años, como tantos leoneses y tantas leonesas que han tenido que emigrar fuera de su terruño en busca de un futuro mejor, o simplemente un futuro, porque León, aun siendo un sitio estupendo para vivir, al menos desde el punto de vista de la tranquilidad, no procura ni genera mucho trabajo, cada vez menos, o esa es al menos mi impresión, habida cuenta de la crisis no sólo económica, sino de valores en que vivimos, cada cual mirándose a su propio ombligo. Y en este plan de planes.

Dicho lo cual, cabe decir que fue Eugenio Marcos Oteruelo, quien también hace sus pinitos como poeta en el Ágora de poesía de la ciudad del Húmedo, el que me habló de Carlos Suárez. Y es que León, no sólo la ciudad, sino la provincia al completo, sí está dando muchos y buenos creadores literarios, lo que resulta extraordinario.

Aunque confiesa que lleva más de dos tercios de su vida en la capital de España, donde vive y trabaja como editor adjunto en Canal 24 horas, Carlos se siente de León, porque es su ciudad natal y el lugar en que pasó la infancia y la adolescencia. Y uno es “de donde hace el bachillerato”, como dijera el escritor Max Aub, que Carlos recupera. “Creo que la frase de Max Aub viene a resumir lo que marca el territorio en el que surge y se consolida la 'educación sentimental', donde uno se enamora por primera vez o donde despierta la pasión por la literatura; en definitiva, el lugar en el que está el origen de lo que te marcará como persona”, matiza este periodista y novelista, que, desde Madrid, ve su tierra con una distancia “ya no tanto geográfica como temporal”, porque cada vez que regresa a León descubre que algo ha cambiado: “el nombre o la decoración de un bar o un edificio derribado para construir otro. Tanto es así que hay zonas nuevas de la ciudad que para mí son prácticamente desconocidas. Algo similar sucede con la gente. Apenas reconozco caras por la calle, como si la falta de salidas laborales hubiera enviado al exilio a prácticamente toda mi generación”, sintetiza Carlos, quien, a pesar de reconocer que no tiene un conocimiento ni objetivo ni profundo de lo que se está haciendo en León en el ámbito literario, sí en cambio tiene la sensación de que hay mucha actividad, mucha “vida literaria”. O al menos esa es la impresión que le llega a través de conocidos y redes sociales, según él, que siente predilección por autores y autoras como Eloísa Otero, Ignacio Fernández Herrero y la revista 'Fake', Elena Soto, entre otros y otras, “pero de nuevo supongo que ese interés está mediatizado en buena parte por razones personales... Mi visión es parcial en un sentido doble, fragmentaria y a la vez interesada... Y quizá sea de nuevo solo una sensación, pero tengo la impresión de que esa intensa vida literaria se escora claramente hacia el lado de la poesía mucho más que hacia la narrativa”.

'Una mujer en Pigalle' está ambientada en el París de las vanguardias y de la ocupación alemana e incluye personajes reales, como Balthus, Paul Éluard, Picasso, Man Ray, Lee Miller o Dora Maar, pero no es tampoco una novela histórica en sentido estricto.

Aparte de los autores y autoras de León, por los que siente admiración, reconoce la influencia, en su forma de escribir, de escritores de la talla de Proust y sobre todo Stendhal, “entre los clásicos. Sándor Márai o Lawrence Durrell, entre los que merecen claramente serlo. Paul Auster, Patrick Modiano, Ian McEwan, entre los más modernos. Y ya en lengua española García Márquez, Vargas Llosa o Javier Marías”, señala el creador de 'La muerte zurda', su ópera prima, que transcurría en un pueblo imaginario, Cuervas, lo que le obligó de alguna forma –asegura–, a crear su propio universo, una geografía personal, “a construir –salvando las distancias– una particular Región, Macondo o Yoknapatawpha”. Asimismo, en esta primera novela trataba de ensayar, “con mayor o menor acierto, la mezcla, el cruce de diferentes planos de realidad dentro de la novela, entreverar ficción dentro de la ficción”, un tema que siempre le ha fascinado.

La escritura cinematográfica

Su afición al cine, a las series de televisión (“campo en el que más se está innovando, donde probablemente más aportaciones se producen a la hora explorar nuevas posibilidades narrativas”) y por supuesto su trabajo en el mundo audiovisual, lo han llevado a escribir de una forma muy cinematográfica, de modo que Carlos necesita 'ver' la escena antes de empezar a narrarla. Siempre el lenguaje como herramienta de trabajo tanto para el periodismo como para la literatura. “Creo que escribir para televisión 'educa' en un lenguaje más directo, más conciso, por así decirlo, más eficaz”, apostilla Carlos, que está ahora con la promoción de 'Una mujer en Pigalle', que es una novela negra con ambientación histórica, aunque “no es en sí una novela de género”. Utiliza elementos evidentes de novela negra, en su opinión, como el hallazgo del cadáver desnudo de una joven que gira colgado del techo al principio del primer capítulo, pero de un modo puramente instrumental, una fórmula para impulsar la trama, para atrapar la atención del lector. “La historia está ambientada en el París de las vanguardias y de la ocupación alemana e incluye personajes reales, como Balthus, Paul Éluard, Picasso, Man Ray, Lee Miller o Dora Maar, pero no es tampoco una novela histórica en sentido estricto”. Cree –esa era al menos su pretensión al escribirla– que va más allá, ensaya una reflexión sobre la memoria, la identidad, el deseo, la cobardía o la culpa y pretende ser –no sabe si con éxito o no– Literatura con mayúscula.

Decidió ambientar esta novela de intriga en París, capital ocupada aquel tiempo por los alemanes, porque le pareció desde el principio un buen escenario para ambientar el comienzo de esta historia, que arranca con el hallazgo de un cadáver. “El barrio de Pigalle aportaba además cierta connotación de bajos fondos que enlazaba bien con el pasado oscuro de la protagonista”, precisa su autor, quien tenía además interés en incluir en la historia a personajes reales, “algo que creo que le otorga a la trama un plus de verosimilitud”, escritores y artistas que se reunían, según Carlos, en torno a Picasso y Paul Éluard en Mougins y Antibes, en la Costa Azul, en la segunda mitad de la década de los años treinta. “Allí coincidieron en los veranos de 1936 a 1939 Picasso, Paul Éluard, Man Ray, Ady Fidelin, Nusch Éluard, Lee Miller, Roland Penrose o Dora Maar... un grupo que se caracterizó en buena medida por trasgredir las convenciones artísticas y morales de la época. Además esos veranos de Mougins y Antibes quedaron reflejados en imágenes (fotografías e incluso grabaciones cinematográficas), realizadas por Lee Miller, Roland Penrose y sobre todo Man Ray. Eso me permitió recrear a los personajes y las escenas más fácilmente pero sobre todo de una forma más fiel”, detalla este creador para quien el tiempo es un elemento fundamental en la narrativa. “Creo que hay una diferencia abismal entre, por ejemplo, la historia de un adolescente contada en presente y esa misma historia tamizada por el punto de vista de ese adolescente ya de anciano. El paso del tiempo le otorga a la historia matices, profundidad, incluso un sentido distinto”. Y en el caso de 'Una mujer en Pigalle' Carlos quería ir más allá, que la memoria y el olvido se convirtieran casi en protagonistas de la novela: “Narrar los sentimientos de un anciano escritor enfermo de alzhéimer que trata de salvar del olvido los últimos restos de su memoria e intenta dar sentido a los recuerdos que de forma inconsciente y fragmentaria vuelven a su mente”.

Creo que hay una diferencia abismal entre, por ejemplo, la historia de un adolescente contada en presente y esa misma historia tamizada por el punto de vista de ese adolescente ya de anciano. El paso del tiempo le otorga a la historia matices, profundidad, incluso un sentido distinto.

Como buen novelista, también Carlos “engaña al lector” ocultándole datos, o escamoteando partes de la trama para crear intriga. “Es algo que está en la esencia misma de la novela”. Y en 'Una mujer en Pigalle' es el alzhéimer, a juicio de su autor, el que realiza ese papel de ocultación. “Además, en este caso el olvido, la enfermedad me permitía llevar la trama, la intriga, prácticamente al interior de la mente del supuesto asesino. El alzhéimer me daba también la posibilidad de reflexionar sobre otro de los temas centrales de la novela: la culpa; cómo la desmemoria, el olvido, impide el arrepentimiento y niega la posibilidad de expiar la culpa”, aclara este editor y literato, quien formara parte, en los años ochenta, de 'Margen', un grupo constituido en torno a una revista y una pequeña editorial, en el que estaban también Eloísa Otero, Hilario Franco, Elena Soto, entre otros, hasta que se fue a Madrid y ha ido perdiendo poco a poco contacto con León.

Ahora está escribiendo una nueva novela. “Llevo dos años y no soy un escritor rápido, pero espero que en otros dos o tres esté terminada”.

Entrevista breve a Carlos Suárez

“Vivimos en un país dirigido por políticos insensibles”

¿Qué libro no dejarías de leer o leerías por segunda vez?

'El último encuentro', de Sándor Márai, o 'El cuarteto de Alejandría', de Lawrence Durrell.

Un personaje imprescindible en la literatura (o en la vida).

Emma Bovary, don Quijote, el Holden Caulfield de 'El guardián entre el centeno', el capitán Ahab de 'Moby Dick'... uno cualquiera de esos personajes que parecen desbordar con su fuerza y su profundidad las paredes de la obra que habitan.

Un autor o autora insoportable (o un libro insoportable).

No sabría qué decir. No tengo problemas para dejar un libro a la mitad o incluso en las primeras páginas si no me convence. Sin embargo sí hay algunos grandes nombres con los que no he tenido suerte o que, al revés, no han tenido suerte conmigo. Incluso podría citar dos 'nóbeles' que he dejado en las primeras páginas: Orhan Pamuk y Kenzaburō Ōe. Quizá fue cuestión del momento y no descarto volver a intentarlo.

Un rasgo que defina tu personalidad.

Dado que los defectos no vienen a ser lo opuesto a las virtudes, sino muchas veces su exacerbación, destacaría la racionalidad, que corre el riesgo de acabar en frialdad o incluso distancia; la constancia, que considero imprescindible a la hora de escribir, pero que termina fácilmente en obcecación; y cierta clase de ingenua honradez, que raya en ocasiones con la estupidez.

¿Qué cualidad prefieres en una persona?

¿Bonhomía? ¿Hombría de bien? Es extraño tener que recurrir a términos en desuso o expresiones probablemente machistas, pero de hecho nada resume mejor esa cualidad: afabilidad, sencillez, bondad y honradez en el carácter y el comportamiento.

¿Qué opinión te merece la política actual? ¿Y la sociedad?

'Lamentable' podría parecer un término suave para calificar la situación de la política española. Los políticos siguen preocupándose únicamente de su propia supervivencia, ajenos a las necesidades de los ciudadanos e incapaces de ver más allá del corto plazo y de apostar por la educación, por la investigación y por un cambio de modelo productivo, que vaya más allá del ladrillo y el turismo. Vivimos en un país dirigido por políticos insensibles ante una situación de desigualdad insostenible y creciente, que pide a gritos una reforma fiscal radical. Temo además que muchas de las esperanzas de cambio de los últimos años acaben quedándose en eso.

¿Qué es lo que más te divierte en la vida?

Podría decir que la literatura, pero siendo sincero hay otras cosas que me divierten más, algunas no tan políticamente correctas, como el sexo o el alcohol. Luego ya sí, están la literatura, la pintura o el cine.

¿Por qué escribes?

Supongo que por placer, por gusto, sobre todo cuando uno comienza a construir la historia, y la trama y los personajes bullen en tu cabeza. Luego, cuando ya se trata de pulir y corregir el texto, supongo que escribo por disciplina o alguna otra razón mucho más aburrida. Podría decir que por necesidad, pero nunca he dejado de escribir durante un periodo medianamente largo de tiempo, por lo que nunca he llegado a sentir un síndrome de abstinencia que respondiese a esa hipotética necesidad.

¿Crees que las redes sociales, Facebook o Twitter, sirven para ejercitar tu estilo literario?

Son canales de difusión que trabajan con el lenguaje, pero creo que más que un lugar donde ejercitar el estilo literario son un instrumento para promocionar y difundir la literatura.

¿Cuáles son tus fuentes literarias a la hora de escribir?

Depende de en qué esté trabajando en concreto. Para escribir 'Una mujer en Pigalle' acabé leyendo incluso algún que otro tratado de neurología.

¿Escribes o sigues algún blog con entusiasmo porque te parezca una herramienta literaria?

Tengo un blog sobre 'Una mujer en Pigalle' (que aprovecho para promocionar: unamujerenpigallecom.wordpress.com), sigo páginas y blogs como 'Tam-Tam Press' o 'Culturainquieta' y luego acabo en otros a través de enlaces en las redes sociales. No sé si son en sí herramientas literarias, pero en algunos casos sí excepcionales herramientas de difusión literaria.

Una frase que resuma tu modo de entender el mundo.

No soy muy de definirme en frases, pero ya puestos citaré una de 'Una mujer en Pigalle'. Monique Marais, una de las protagonistas, duda si acudir o no a una cita y es su madre la que la anima a ir: “Nos arrepentimos sobre todo de lo que no llegamos a hacer”.

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