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historias con encanto

Una vida, la de Miguelín: Una pasión, los trenes

Miguel da Silva Araujo ha empleado tres cuartas partes de su vida, con un entusiasmo envidiable, a dar satisfacción y rienda suelta a su pasión por los trenes, con  una increíble colección  de miniaturas. Convirtiendo su habitación en un enorme hangar ferroviario.

Luis Álvarez Pérez | 21/02/2018 - 10:23h.

Si algún día las ciencias, que se dedican al estudio del espíritu humano, nos asegurasen que la felicidad es mensurable, la cara y el espíritu de Miguel manejando sus máquinas serán de fijo uno de los grandes patrones de esas medidas. No por su tamaño, el de Miguel, muy grande, si por su pasión y amor por un mundo desconocido para la gran mayoría de nosotros, el modelismo de trenes y todo lo que se le asemeje.

"Los trenes siempre me gustaron, ya desde pequeño", recuerda cuando acudía al colegio "Generación del 27", mediada la década de los años ochenta. "Durante el recreo, si escuchaba al tren en la zona de la estación", se escapaba a carreras para verlo, "menos mal que nunca me pillaron los profesores", estas fugas son sin duda la mayor maldad cometida en su vida. Cuando creció un poco más y le tocó un aula del piso superior del centro "me di cuenta que desde la ventana de clase se veía toda la zona de la estación y del lavadero y los trenes, mejor que desde la estación" y entonces se pasaba el recreo pegado a la ventana. Aún funcionaban los trenes de vapor de MSP.

Del colegio al Instituto, primero en el "Valle de Laciana" donde hizo hasta cuarto de la ESO: aquí fue donde comenzó a repartir los envíos de paquetería de la empresa ALSA. Aprovechaba los recreos para repartir por las mañanas, los más cercanos "Siempre a carreras, para que me diese tiempo", y luego por las tardes, ya sin clases los más alejados. De esa época es el recuerdo de todos nosotros, sus convecinos, de Miguel con un paquete bajo el brazo yendo a toda prisa a llevarlo a su destinatario, como aún solo era un niño empezamos a llamarle "Miguelín", diminutivo que aún se mantiene hoy en día cuando nos referimos a él, a pesar de estar a punto de cumplir ya los 40 años, y medir algo más de un metro ochenta.

"Luego el año que estuve en el Instituto de abajo", el Obispo Argüelles, "si que me daba palizas corriendo en el recreo", porque este está a un kilómetro de la estación de ALSA y el otro a solo un centenar de metros. Con este "trabajillo", que aún hoy mantiene empezó a ganar su dinero, "con las propinas que me da la gente por llevarles los paquetes".

Fondos que ha destinado íntegramente a su pasión, los trenes, esto le permitía y le permite comprar todo el material que acumula en su casa: 187 ejemplares de locomotoras de tracción y 371 vagones y material de arrastre, además de los complementos necesarios para una enorme maqueta, que desde la original  "comprada" ha ido ampliándola con sus manos hasta duplicarla, Edificios, farolas y luces, personajes, vías, vegetación, camiones, coches, autobuses, maquinaria pesada, revistas y libros.

La primera máquina a los 12 años, fue una "Santa Fe" americana, "que compré en Valladolid, a donde me llevó un profesor del Instituto", también se llamaba Miguel, en unas vacaciones de Semana Santa, para que conociese una tienda de juguetes que tenía trenes, "al saber que me gustaban tanto". Y la primera vez que "monté en un tren fue en Madrid, en la estación de Chamartin, en una visita que hice a mis tíos", también siendo un niño.

Cuando más "disfruto de todo esto", me explica señalando lo que acumula en su habitación, es los fines de semana, "que como no hay paquetes, paso casi el día entero con los trenes". Para los que somos neófitos en esta afición al modelismo, nos sorprende la gran variedad de elementos y modelos, por ejemplo en locomotoras: de vapor (las hay que incluso que lo echan como si fuesen de verdad), diesel, eléctricas, automotores. O de material remolcado. Y como en todo, las nuevas tecnologías están ya muy presentes, ahora solo hay que conectar la corriente a las vías y desde una tablet, Miguel maneja y dirige su mundo personal, haciendo que se mueva  el convoy, pare, suene (con sonido real) lo mismo la voz de la azafata del AVE, como el ruido del tren al circular, la bocina, las campanas o los avisos de la estación.

Hace ya 14 años, en el 2004, lo invitaron a bajar con su maqueta a Toral de los Vados, para la feria exposición que celebran anualmente desde que conmemoraron los 120 años del ferrocarril. "Los primeros años subían ellos y bajábamos la maqueta", ahora ya tiene la organización del evento anual una permanente y solo es necesario bajar el material móvil. Allí se juntan apasionados del modelismo, especialmente del noreste de España, para compartir afición, experiencias, e ilusión. En Villablino también ha participado ya dos veces en muestras exposición sobre el ferrocarril, mostrando su maqueta y material en las instalaciones de la Casa de la Cultura.

 

"Dicen que van a hacer el tren turístico entre Ponferrada y Villablino, no lo se, espero que si", es una de sus grandes ilusiones ver este proyecto hecho realidad. En los trenes de vapor ha montado en esa celebración  de Toral de los Vados, en la que hacen organizan viajes de recreo. En el tren minero solo pudo subirse un día, en febrero de 2011, cuando ya estaba a punto de desaparecer. "Un amigo, Oscar me llamó y me dijo, baja hasta la estación", e hizo el viaje entre Villablino y Palacios del Sil, con los trabajadores en la cabina de la máquina, y el mismo de regreso en otra locomotora que hacía el recorrido inverso. Igual que su añoranza de un tren turístico para poder usarlo ahora siente pena porque hayan anunciado que el lavadero de MSP va a ser desmantelado, "si todavía ahí hay vagones, ¿qué van a hacer con ellos?", "me imagino que venderlos", traté de orientarlo yo. "Si es lo único que nos queda relacionado con el ferrocarril", Por ese motivo quiere hacer una maqueta del edificio del lavadero para su particular mundo en pequeño, que comparte en dos asociaciones de amigos del ferrocarril a las que pertenece, las de El Bierzo y León.

Treinta años de una vida de apenas 40, dedicados a una pasión, los trenes. En todo este tiempo no ha sido capaz  a mentir más que en el idioma de sus padres,  Angélica y Miguel, ya fallecido, el criollo caboverdiano. Y como tampoco tuvo tiempo para aprenderlo, sigue sin saber mentir, cualquier cosa que le preguntes, por incómoda que resulte, te contestará con lo que sabe y siente, y las malicias humanas no pertenecen a su mundo.

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