SERIE | LA PERSONALIDAD LEONESA (VIII)

El leonés prima los elementos esenciales sobre el contenido más superficial

En su indagación sobre los rasgos que definen la personalidad leonesa David Díez Llamas se fija en este artículo en que el leonés tiende a fijar su atención en lo que son las esencias de las cosas y no tanto en aquellas otras que tienen un carácter más superficial. Ello contrasta con una sociedad actual en el que prima en gran medida la banalidad.

Ilustración Pintura Bandera de León Plaza del Grano Arquitectura Tradicional
En lo tradicional, como la arquitectura, lo esencial prima sobre lo demás en León.
David Díez Llamas | 09/05/2021 - 18:44h.

👉 Viene de la séptima parte: 'Los leoneses y el valor de la palabra dada '

Diríamos que otro de los rasgos que caracterizan a la personalidad leonesa es que no somos excesivamente dados a los discursos en los que se habla mucho sin decir nada. Mientras en la literatura andaluza podemos encontrar un estilo recargado y donde son habituales las metáforas, la literatura leonesa es mucho más sobria y mucho más directa.

Es por ello que decimos que el leonés tiende a fijar su mirada en los aspectos más esenciales y evita los más superficiales. Somos más dados a resumir los contenidos principales que a extendernos nuestros relato de un determinado acontecimiento o de un modo de pensar.

Ese rasgo de carácter se recoge en el propio refranero leonés. Javier Rua en su libro sobre la metereología popular leonesa recoge dichos como "Sol madrugador y cura callejero, ni el sol calentará, ni el cura será bueno" o también "ni sol madrugador, ni moza festejera, el sol no calentará y la moza no será buena". En estos refranes se recoge el valor de la persistencia frente a aquello que puede deslumbrar en un primer momento pero que luego es algo vacío. En nuestra sociedad actual abundan los "vendedores de humo" que buscan dar a entender que "dan mucho brillo" pero que a la hora de la verdad "calientan muy poco". Diríamos que la personalidad leonesa no encaja en esos perfiles de los "vendedores de humo" y que da más valor al "calor del sol" que a esos soles madrugadores.

Incluso podemos encontrar en nuestras formas de expresión referencias negativas a la persona que habla mucho sin decir nada. En Laciana se le diría que es un ñañaras a aquel que es un charlatán que no dice más que palabras inconexas.

Este gusto por las esencias también lo podemos ver en el arte. Así se refiere David Gustavo López en su obra "León, Arte y tradición" al arte en maragatería: "El arte maragato es eminentemente religioso, popular y sencillo, enmarcable en las trazas austeras y robustas del románico, evitando las florituras y los recargados tintes barrocos".

Buscar más "el ser que el tener"

Diríamos que ese carácter que busca más "el ser que el tener" (que diría E. Fromm) lo podemos encontrar en la Catedral de León. En templo leonés no se distingue por "tener muchas cosas", por acumular cuadros, tumbas o joyas. La Catedral de Westminster en Londres sería para nosotros un ejemplo de como allí se trata de reunir y acumular la historia inglesa al incluir en ella las tumbas desde Churchill a Newton pasando por Darwin o por los diferentes reyes.

Las vidrieras de la Catedral de León buscan tamizar la luz y crear un espacio de espiritualidad que ayude a Dios en el templo. Es el arte al servicio de las ideas. Se busca favorecer el encuentro del hombre con Dios. No es el ser humano que cubre de joyas una determinada imagen como medio de expresión de su reconocimiento o para obtener determinados favores. En la expresión artística que significa la Catedral de León tenemos que "no era tanto lo que vemos o palpamos físicamente cuanto las realidades invisibles que simbolizaba"

Los vecinos debían asistir al concejo de forma obligatoria pero allí debían respetar unas normas como recoge la ordenanza de Prado de la Guzpeña en la que se dice según recoge Laureano M. Rubio: "ningún vecino sea osado estando en concejo a alborotar con voces altas ni desmentirse unos a otros y el que lo hiciere pague media cántara de vino, y el que hablare descompuesto en concejo y ultrajare a algún vecino pague un azumbre de vino de pena". Entendemos que en ello hay un afán por regular la seriedad del debate social. Habría que preguntarse en qué medida los parlamentos actuales de muchos países respetan estas normas de conducta que se fijaban en el siglo XVIII en muchos pueblos leoneses.

Indentidad con el lugar de nacimiento

En la música tradicional, las canciones leonesas recogen un papel muy importante de añoranza y de identidad con el lugar donde nacen. Así son muy frecuentes las referencias a diferentes poblaciones e incluso las comparaciones que pretenden exaltar a su propia población como son por ejemplo "la jota de Boñar" o "soy de Vegamián". Diríamos que un signo de identidad de dicha música es su propia sencillez y claridad que hace que resulte fácilmente comprensible por todos aquellos que la escuchan. Tanto a nivel instrumental como en la letra de sus canciones muestra una sencillez no exenta de calidad en su expresión.

En el ámbito económico diríamos que ese talante serio y que prima los aspectos esenciales y fundamentales, ha contribuido a que el leonés sea conservador. Prefiere el ahorro seguro aún cuando ello le pueda generar menos ganancias, que el riesgo que le puede llevar a incrementarlas pero también a perder dinero en un momento dado. Por ello las entidades financieras leonesas han tendido tradicionalmente a captar dinero en el propio territorio para buscar colocar dicho dinero en otras tierras con un espíritu más dado a asumir riesgos y efectuar inversiones.

Diríamos que en esa economía de esencias ha primado fundamentalmente el sector primario tanto a través de la agricultura como de la ganadería o la minería. Ha sido un déficit histórico de esa economía el carecer de industrias transformadoras donde se ha producido el mayor beneficio y valor añadido.

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