Quantcast

Asunción Martínez ex directora Oficina Territorial de Trabajo

“No se puede vivir pensando que en los próximos cinco años no se creará empleo”

La ya ex directora de la Oficina Territorial de Trabajo analiza en esta entrevista más de tres décadas dedicadas al derecho laboral.

imagen
Asunción Martínez posa junto a su equipo con el que ha trabajado codo con codo durante años. De izquierda a derecha Carmela García Muñiz, Manoli Álvarez, María Esther de Prada, la propia Asunción Martínez y Mateo Moreno.
j manuel lópez | 03/05/2013 - 09:04h.

Asunción Martínez recoge los últimos enseres que pueblan su despacho, mientras pone en orden los inagotables recuerdos de una vida profesional dedicada al derecho laboral, un área en 1979 cerrada a las mujeres. Ese año, y con 24 abriles, y dos preparando una oposición de técnico de la administración civil, la casualidad se cruzó en su vida. A su marido le trasladaban a León justo cuando un anuncio en la prensa local ofertaba un puesto de Técnico Superior en la Delegación de Trabajo. Durante el proceso, un alto cargo de esta área dejó claro que su currículum y la entrevista encajaban en el perfil, pero que...querían a un hombre para el cargo, aunque, al final, el director optó por ella: "es la única vez que percibí muestras de machismo de una forma tan cercana". Comenzó como Jefa de la Sección de Relaciones Laborales y de ahí a la Unidad de Relaciones Laborales, que incluía además Fomento de Empleo y la Mediación y el Arbitraje. De ahí pasó a la dirección de la Oficina Territorial de Trabajo, en la que ha estado estos últimos nueve años.

Comenzó sin chiquitas, en un momento de total convulsión y cambio.

Es cierto, porque era la época inmediatamente anterior a las primeras elecciones democráticas de junio de 1977. Primero fue la huelga de la construcción, que fue terrible pero acto seguido llegó la gran huelga del transporte que fue más dura aún. Por mis manos han pasado los expedientes de regulación de empleo, convenios o resoluciones y laudos de los últimos 36 años. Ha sido muy apasionante. No pensé que me dedicaría al mundo laboral, pero ha sido una experiencia única que se ha convertido en una vocación y en un hobby.

La minería ha sido una constante y en su mente, intuyo, le ha quedado grabado un número de expediente que ha hecho historia; el 58/79.

Es cierto que los primeros problemas comenzaron a principios de los 90 pero eran pequeños conatos. El primer gran conflicto es el que conocemos como el expediente 58/79 de Antracitas de Fabero que ponía encima de la mesa el futuro de 600 puestos de trabajo. Fue una convulsión. No podemos olvidar que entonces la MSP tenía 3.500 mineros, Antracitas de Fabero 2.000; había 25.000 puestos de trabajo en el sector. El primer paso fue el Plan de Restructuración del Carbón y la primera gran víctima fue Hulleras de Sabero.

Supongo que fue una Nochebuena de esas que no se olvidan...

Si. Emitimos la resolución esa Nochebuena  del 1990 y fue un momento muy difícil, porque no dejábamos de pensar en las familias que habían recibido esta trágica noticia una noche como esa.

Las negociaciones mineras eran casi siempre de esas que se sabía cuando se empezaban, pero nunca cuándo y cómo terminaban.

El decreto de cierre de Hulleras de Sabero estipulaba tres años para el cierre pero tuvimos a 300 trabajadores en estas dependencias y estuvimos desde la 10 de la mañana hasta bien entrada la madrugada sin salir a comer ni a nada, porque los directivos estaban encerrados y nos quedamos todos por solidaridad. E incluso se sucedieron encierros en estas dependencias durante varios días. De pura convivencia trabamos, me refiero a mí y Francisco Javier Otazú con quien trabajé codo con codo muchos años y nos hicimos grandes amigos y compañeros, buena amistad con todos los integrantes de los comités de empresa.

También las protestas de principios de los noventa de la Hullera dejaron huella.

Recuerdo una negociación en pleno San Juan, con un sol de justicia y estuvimos sudando como patos hasta la madrugada. Pero eran buena gente y aquellas negociaciones demostraban la inteligencia natural de muchos mineros. Tal vez no tuvieran estudios, pero tenían una don natural, una filosofía para la negociación que ya quisieran muchos para ellos.

Pero poco a poco aquel panorama, con las transferencias, fue cambiando.

En 1995 fuimos transferidos a la Junta de castilla y León y empezamos a perder competencias, aunque llegaban otras nuevas como las subvenciones que nunca habíamos tratado. Luego llegaron las externalizaciones, como es el caso del servicio de mediación, el SERLA. Es curioso, aún hoy hay empresas que siguen confiando en nuestra mediación y prefieren venir aquí antes de ir al juez.

Me imagino que poco a poco van quedando asuntos en el cambio.

He sentido mucho la pérdida de la competencia decisoria porque la autorización administrativa daba mucha confianza a las dos partes, empresarios y trabajadores.

Además parece que vamos como los cangrejos hacia atrás; el siete de julio pueden desaparecer todos los derechos adquiridos en convenio durante décadas.

Es terrible, porque nosotros siempre teníamos como punto de referencia el Estatuto de Trabajador que ya en 1994 comenzó a desregularse, la primera gran modificación. La protección que tenía el trabajador ya no existe. Es terrible. Si desaparecen todos los avances recogidos en la ley se dibuja un escenario de conflictividad serio, muy serio. Es una situación que además puede generar una competencia desleal, porque antes había unos preceptos mínimos que todos tenían que cumplir. Algunos respetarán los derechos de los trabajadores, otros no. Y además pone en situación límite la capacidad de negociación de sindicatos y organizaciones empresariales, que no tienen cabida en una negociación cerrada e individualizada en cada una de las empresas.

Se avecinan tiempos convulsos.

No sé cómo resisten, por ejemplo, los mineros que llevan cinco y seis meses sin cobrar y no pasa nada. Las prejubilaciones y las pensiones están tirando hasta donde pueden llegar, pero no sé cuánto tiempo más podrán aguantar. Como los médicos cuando pierden un paciente, muchos estos sucesos no nos son ajenos. El problema es que al enfermo le estamos dando una medicación que no sirve si antes no le hacemos una trasfusión de dinero.

¿Cómo se sale de aquí?

Creo que la sociedad al completo está demandando un gran pacto de estado que ponga medios para generar empleo. No se puede vivir pensando que en los próximos cinco años no se creará empleo. No sé cómo podremos resistirlo.

Tiene dos hijos pero  ninguno ha seguido su camino

Los dos son abogados. Mi hijo estuvo ocho años en Bruselas y ahora por razones familiares vive en Nicaragua. Mi hija trabaja en un despacho en Madrid y mi marido también abogado, pero ninguno se ha decidido por este apasionante mundo del derecho laboral.

Está recogiendo los últimos enseres, ¿y ahora qué?

Tengo muchas cosas que hacer. He hecho muchos cursos en la administración que no he podido poner en práctica y ahora, desde fuera, espero poder echar una mano. Lo primero que voy a hacer es un curso intensivo en Inglaterra; habló inglés pero necesito ponerme al día porque me cuesta escribir y entender. Me gusta mucho el cine y quiero apuntarme a un curso de edición en vídeo para hacer mis propios pinitos. Y claro, quiero ir a Nicaragua, dedicar más tiempo a mi familia. Tengo muchas cosas que hacer.

Y ya, por último, ha pensado en contar tantas y tantas historias que ha vivido en primera persona, por ejemplo en un libro.

No. Nunca me lo he planteado.

publicidad

También te puede interesar

Deja tu comentario
publicidad
publicidad