Análisis psicológico de la obsesión por ostentar un cargo de poder

El ‘todo vale’ en la carrera para ser poderoso

Que si se repiten las elecciones de la Universidad, que si las Generales penden de un hilo también para una segunda vuelta y que si las del Colegio de Farmacéuticos de la ciudad se celebran después de 16 años. Analizamos con expertos la simbiosis entre elecciones y poder, o el poder que las elecciones ejercen sobre las personas.

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César Sánchez/Ical
M.C. | 11/04/2016 - 09:35h.

Que si se repiten las elecciones de la Universidad -con un resultado que todavía escuece más-, que si las Generales penden de un hilo también para una segunda vuelta -quizás más que decidida-, y que si las del Colegio de Farmacéuticos de la ciudad se celebran después de 16 años -con otra pequeña guerra abierta a su manera. Un 'no saber perder' en algunos casos, un caos político en otros, o un deseo de cambiar realmente las cosas, en los menos.

Votos de castigo, de miedo, de amenaza, indiferentes, decididos, de cambio... vivimos  una realidad sometida a elecciones permanentes pero, ¿en qué afecta un proceso electoral a las personas que se presentan para ostentar el cargo? Hablamos con Miguel Ángel Cueto (Psicólogo Clínico) y David Cueto (Psicólogo Sanitario), especialistas del Centro Psicológico de Terapia de Conducta Cepteco.

"En términos generales, presentarse a un proceso electoral, así como a cualquier otro tipo de selección, suele generar un importante estrés en las personas candidatas al puesto. No obstante, a los candidatos a las elecciones se les podría suponer un cierto blindaje emocional al ser, habitualmente, personas dedicadas a la vida pública y acostumbradas por ello a estar continuamente expuestas a la opinión del electorado. No obstante, a pesar de ello, no están libres de sufrir ansiedad en un momento determinado", apuntan los expertos.

Juan Francisco García Marín (i) y José Luis Chamosa (d). Foto: Carlos S. Campillo/Ical
Juan Francisco García Marín (i) y José Luis Chamosa (d). Foto: Carlos S. Campillo/Ical

La persona y el personaje

Miguel Ángel y David Cueto aseguran que la obsesión por ganar llega a influir en los comportamientos de los aspirantes. "Es muy difícil evitar, por mucho control que se tenga, que la preocupación por ganar unas elecciones, no influya en todas las facetas de su vida cotidiana", explican. "Una cosa es la persona y otra el personaje. En general una imagen pública exitosa conlleva un cuidado y una dedicación constante, una pose que marca lo que hay y lo que no hay que hacer para mantener esa influencia social sobre los demás, que requiere además una atención continua. El estar en constante presencia de imagen genera una dedicación excesiva que limita las relaciones familiares y laborales centrándose en el objetivo personal de ganar y conseguir sus objetivos personales", añaden los psicólogos de Cepteco.

¿Dónde está el límite del 'todo vale' para ganar unas elecciones?

Según el equipo de profesionales de Cepteco, el límite para ganar debe ponerlo la propia dignidad de la persona o del equipo que le apoya. "Aunque el juego de la política consiste en usar los medios para conseguir los fines con el uso legítimo de las reglas de juego democrático, estamos viendo en este tiempo de incertidumbre de gobierno, que se usa la insidia, las medias verdades, el desprecio, la mentira y la difamación como estrategia para desprestigiar al adversario".

Algunas personalidades que llegan a ostentar el poder suelen tener ciertos componentes narcisistas y antisociales que les hace más fácil no importarles usar medios ilegítimos para conseguir sus objetivos. De hecho, un ejemplo ilustrativo de que todo vale para conseguir unos fines es la serie House of Cards en versiones inglesa y americana. Se mezcla el uso de la envidia, el sexo, la corrupción y el chantaje como eje de una venganza.

Además, la obsesión por el triunfo se traslada al resto del equipo de candidatura. "Seguir al líder es la estrategia que el equipo suele practicar para mantener su trabajo o recibir su beneplácito. El contagio por conseguir la victoria les genera, como al líder, una cierta ansiedad dado que sus orientaciones y sugerencias podrían hacer decantarse a favor o en contra al electorado. Este nivel de exigencia es algo menor al no ser ellos cabezas visibles de la candidatura y mantenerse en segundo plano", explican Miguel Ángel y David.

Imágenes de archivo de Ical.
Imágenes de archivo de Ical.

Los deberes de un 'buen candidato' para no perder el control

Los psicólogos de Cepteco explican que un candidato suele aprender a controlar la ansiedad y mantenerla en un nivel medio para evitar equivocarse. "Le estimula a actuar de acuerdo con las circunstancias y adaptarse a ellas. Es conveniente que aprenda a asimilar las quejas y desafíos externos. Cuando el nivel de activación es demasiado intenso, duradero, frecuente, desproporcionado o no adecuado a las circunstancias se convierte en un síntoma psicológico que, entre otros, puede presentar síntomas conductuales de hiperactividad o paralización, así como conductas de escape o evitación. Lo vimos recientemente en el primer ministro islandés, donde perdió el control ante unas preguntas sobre una sociedad offshore que regentaba, junto a su esposa, que salió publicada en los papeles de Panamá. No supo reaccionar al verse comprometido. Finalmente, ha tenido que dimitir por la presión de su pueblo".

La obsesión del triunfo

El conseguir el poder hace que muchas personas lo vean como su único objetivo vital. Dejan de lado la familia, los amigos y su vida personal.

Para explicar esta obsesión, Miguel Ángel Cueto utiliza un ejemplo: "Un estudio de la Universidad de Berkeley estudió la relación entre el estatus socioeconómico y poder de una persona y su bondad, amabilidad y empatía. Sentaron a dos personas a jugar al Monopoly, el legendario juego de propiedades. Uno de los jugadores no tenía ninguna posibilidad de ganar ya que los investigadores cambiaron las reglas a favor del otro. Al ganador se le daban dos turnos por cada uno del perdedor, recaudaba dos veces más dinero por las mismas jugadas y eventualmente se hacía mucho más rico.

Al principio, el ganador se sentía incómodo con la desigualdad, pero conforme ganaba se le iba pasando el malestar y empezaba a burlarse del perdedor, a calcular fríamente cada jugada y a actuar despiadadamente frente al perdedor. Se llegó a la conclusión de que a mayor dinero/poder menor ética, amabilidad, menor empatía y compasión, mayor probabilidad de hacer trampas y con mayor tendencia a la codicia. Otros estudios también lo relacionan con una mayor probabilidad de saltarse las normas de tráfico y de ser tiranos en el trabajo".

"Otro estudio de la Universidad de la Laguna afirma que la inmensa mayoría de los casos de corrupción en el archipiélago (88%) están relacionados con las grandes fortunas, las tramas urbanísticas y las propiedades del suelo. Tanto es así que los propios investigadores afirman en las conclusiones de artículo que "cuando se convierten en grandes propietarios, empiezan a tener el mismo comportamiento que los antiguos caciques", apunta por su parte David Cueto.

Cómo superar un fracaso electoral

Para superar el fracaso electoral, al igual que cualquier otra frustración por no haber conseguido nuestros deseos, hay que comprender y aceptar que el mundo y la gente no están a nuestra disposición para satisfacer nuestros deseos e ilusiones.

Aceptar el fracaso como algo normal y como parte del proceso de aprendizaje vital, aprovechándolo como una oportunidad para el aprendizaje, el crecimiento personal y el autoconocimiento. Intentar que errores pasados no nos condicionen demasiado para seguir cometiéndolos en el futuro.

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