TRIBUNA DE OPINIÓN

Dirigir el Musac en León, un arte con injerencias

Máximo Soto Calvo se queja de cómo la Junta de Castilla y León ha buscado con su política cultural dejar a la ciudad leonesa siempre "con un rango menor" que Valladolid y cómo se boicoteó el primer proyecto para traer en 1995 la Colección de Arte Contemporáneo Español y a los directores del centro que se terminó haciendo. "Siempre las injerencias desde el ente, bien directas o en especial desde la Fundación Siglo, han estado poniendo demasiados obstáculos", apunta.

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Sede del Musac en León. / Jordi Bernardó
Máximo Soto Calvo | 12/06/2021 - 18:30h.

Hay razones más que sobradas para empezar señalando a la Junta autonómica como causante del Musac y de sus males, zancadillas a los directores no sumisos, aunque tal vez sea mejor precisar la Fundación Siglo que, junto a la otra, antes conocida como Villalar, están inmersas, además, en el devenir declinante de todo lo leonés.

De éstas, la primera tiene en su haber el manejo de todas las conmemoraciones que en León ha sido: ¡Labor de control y zapa! Y la llamada Villalar crear una postiza identidad y anular la leonesa, etcétera.

Dicho esto, coloco una definición del Musac que en la contraportada de mi libro Legio, érase una vez, decía así: Contorno en vidrios de colores de grandes módulos vacíos... La colección permanente originaria, 800 obras de Arte Moderno, tomaron otro rumbo.

Allá por el año 1995, fue reclamada para León por un grupo de artistas leoneses (más de 300), la conocida como Colección de Arte Contemporáneo Español, compuesta  entonces por algo más de 800 obras, para las que se buscaba emplazamiento.  Aquí se barajaron varios, no es preciso citar, pero el destino: León capital, no era asumible por Valladolid, a quien la Junta autonómica señaló a dedo para la acogida. Nadie, y menos León, podía hacerle sombra.

A modo de recordatorio señalo que el Auditorio y el Museo (que debió acoger las obras citadas y no nacer Musac como tapabocas) tuvieron vicisitudes de emplazamiento, anteproyecto conjunto, fricciones, control férreo de la Junta y demasiada pasividad política leonesa. Luego acabaron...

El Auditorio y el centro antedicho, en dualidad simbiótica, se pensaron como integrantes de un mismo y fabuloso edificio, algo impensable para un León sin peso autonómico, que pronto alguien desde lejos los disoció, enfriando el museo para atrapar la colección de Arte Contemporáneo tal como quedó dicho. Hubo protestas de los pioneros leoneses en la demanda, pero el  silencio autonómico y la decisión política que creó el Patio Herreriano en Valladolid como lugar de acogida y explotación, todo lo fue enmudeciendo. Los políticos leoneses, tal como vienen haciendo, asumieron y callaron.

Los mismos arquitectos proyectaron, pero ya por separado, Auditorio y Museo. Bien, pero corto el Auditorio, sin consultar a los leoneses que destacaban en lo musical a alto nivel, léase Odón Alonso por ejemplo, algún político, rara avis, levantó la voz reclamando más.

Auditorio y museo frenados en rango

Pero se consuma el fiasco  nos presentan la maqueta de un edificio modular, al que llaman Musac, dicen que será un referente del arte contemporáneo..., y de las nuevas tecnologías. Se situó como preferencia que fuera conocido como Centro de Artes Visuales, todo tan experimental que tenía visos de ser su contenido un "si sale...". ¡Atención, nada de competir con Valladolid, tan poco en arte moderno! Auditorio y Museo debían ser frenados en rango.

No sé bien si esto perseguiría, cual sobra del mal, a las personas que se comprometían a dirigir el MUSAC. En escasos veinte años se quemaron cuatro y buscan el quinto. La única mujer que tomó el mando, en 2012, en tres meses se rindió. Siempre las injerencias desde el ente, bien directas o en especial desde la Fundación Siglo,  han estado poniendo demasiados obstáculos.

En la última dimisión, además del aspecto intromisión, está la negación presupuestaria para el normal desarrollo del Museo que dependiendo de la Junta, tiene un hándicap  que lo enturbia. ¡Está en León! Y en lo económico, además, hay que atender a los fastos castellanos primero, y tal vez en esta ocasión fueran "los festejos comuneros".

Nos obligan a cooperar con el tren de los Marx, una composición llamada Comunidad, y el "más madera" para que el centralismo castellano disfrazado de locomotora ande se cumple esquilmando a los vagones leoneses. ¡Nefasto!

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