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CUENTOS DE CUARENTENA

'Shansho Wiksa'

Rider Panduro Meléndez participa con una nueva entrega en la iniciativa 'Cuentos de Cuarentena', organizada por la asociación cultural El Pentágrafo e ILEÓN.

Amazonía
Rider Panduro Meléndez | 13/04/2020 - 22:04h.

San Miguel del Río Mayo, como todo pueblo amazónico, tiene sus diversos personajes. Hay parteras, hueseros que sanan dislocaduras, hierbateros, quienes nos sacan los dientes, entre otros. Dentro de estos existen los brujos o hechiceros que son los que producen los «daños espirituales». El brujo de San Miguel era don Adolfo Pinedo, un viejito de setenta años.

Este viejito, muy temido en el pueblo. Acostumbraba a sacar fiado o "a cuenta" productos alimenticios del negocio del comerciante, un mestizo, pero nunca pagaba su deuda. Un día quiso fiado una lonja de medio kilo del pescado conocido como paiche, que es una carne muy preciada en la Amazonía y muy cara, pero el comerciante no le quiso dar, porque no sabía pagar. Se molestó el viejito y en venganza a esto embrujó al hijo del comerciante, que ya padecía de asma, lanzándole ritualmente su pequeño dardo flemoso para que empeorase y los padres creyesen que iba a morir.

El dardo o virote mágico,  que según nuestra creencia está vivo y por eso lo llamamos kawsay virote, 'vivo virote',  produjó dos nudos en el cuerpo del niño: uno en la garganta y otro en el estómago, que le impedían comer. El niño empezó a secarse al tiempo que los nudos iban creciendo dentro de él. Entró al borde de la muerte. Él sentía que iba a fallecer, no tenía fuerzas en el cuerpo y que el cuerpo se le convierte en aire, pero no perdió la razón. Intentó llamar al espíritu del curandero para que le quitase la desesperación, pero no podía hablar, sufría, entonces entró en un profundo llanto. Entonces vienen los espíritus del río, los bosques, los árboles; vienen todos, de diferentes colores fosforescentes, de formas de animales que cambian todo el tiempo. Los espíritus le soplan y le cantan sus ikaros, le soplan con el humo del cigarro mapacho, cantando llaman a la tormenta que le quitó su ánima y le piden que se la devuelva. Consiguen que el niño regrese a la vida, pero sigue con la enfermedad, que se va agudizando.

La comadre del padre del niño, una señora nativa quechua, le dice que el niño está embrujado. El padre no creía en esas cosas, decía que eso eran supersticiones, credos de los viejos, de los antiguos; pero ella le insiste repetidas veces, día tras día; hasta que logra que el padre acepte. Entonces el padre le pregunta cómo le van a curar. Ella le responde que a cinco horas del pueblo, en los bosques de las alturas, donde no llega fácil la gente, vive un curandero bien preparado. Entonces el padre le dice a su comadre que vaya con su esposo y su hijo a avisarlo para que venga a curar al niño.

Al llegar el curandero, pulsa al niño para verle su cuerpo y ver las relaciones de este con el entorno, con el humano y con el «más que humano». Finalmente diagnostica que esta hechizado. Dice que el mal está en la garganta y en el estómago, pero también asegura que tiene una enfermedad que saben curar los doctores, «enfermedad para la farmacia», la llama. Entonces advierte que lo que es para él, él le va a curar. La brujería que tiene, asegura, no es fuerte, no lleva mucho tiempo, «es nueva». «Es suerte. Cuando es en la garganta y en el estómago, rápido mueren porque no pueden ingerir ni agua ni comida», dice el curandero. Entonces, empieza a fumar un cigarro mapacho y con bocanadas de humo va soplando al niño y dando saltos y cantando en quechua sus cánticos rituales takina. Con estos, el curandero llama a los espíritus curadores para que lo ayuden a curar; y también llama a los espíritus de la enfermedad para pedirles que salgan del niño. Da vueltas alrededor de la cama en la que está postrado el niño. Con bocanadas de humo chupa el mal de la garganta y el estómago y escupe de vez en cuando para ir sacando las partes del kawsay virote causante de la enfermedad. El curandero repite el ceremonial durante tres noches seguidas, hasta que ve que el niño ya podía comer alimentos y absorber sorbos de vida por la nariz y la boca.

Luego de sanado el mal espiritual, ya para la curación del mal físico o biológico, los padres del niño lo llevaron al hospital de la ciudad, en donde trabajaba como voluntaria una doctora originaria de Inglaterra conocida como Miss Mega. Ella lo diagnóstica y determina que es asma viral. La doctora detecta una inflamación crónica de los bronquios, que es la que le produce ataques recurrentes de dificultad respiratoria a causa del estrechamiento de las vías. Además, la doctora determina que el empeoramiento del niño probablemente se debió a una infección vírica, a menudo asociadas a la inflamación bronquial. Entonces deriva al niño al pediatra, donde le descubren «sibilancias», pequeños silbidos o pitos que se forman en los bronquios al pasar el aire, disnea o dificultad para respirar, fatiga, opresión en el pecho y, en general, síntomas rinoconjuntivales: picor de ojos, nariz, mucosidad y estornudos.

La doctora Miss Mega y el pediatra determinan un tratamiento con broncodilatadores de corta acción y corticoides vía oral para abrir las vías. Además, un antibiótico porque presuponen que también hay una infección bacteriana. Después de tratado el episodio agudo, el niño está bien y le dan el alta.

Sin embargo, queda con estos silbidos o pitidos, similar al graznido del ave silvestre conocido como shansho, por lo que al volver a su pueblo le preparan el caldo de esta ave. Toma sorbos de esta sopa una vez por día durante un mes y con este tratamiento paulatinamente se sana. Por esta razón, la gente del pueblo lo empiezan a conocer con el sobrenombre o apodo de Shansho Wiksa, curación del ave shansho, debido a que el saber de esta cura impregna la vida del niño para siempre y este se convierte en un saber encarnado.

Para todo hay explicación en nuestras culturas originarias, sólo hay que seguirle las pulsaciones de vida que transmiten y, para ello, también es imprescindible una dosis de fe y credo, así como se cree que el COVID-19 es causado por el SARS-2, que es un virus que el común de la gente no vemos, pero lo creemos. Para ser inteligente, nosotros los nativos de la Amazonía creemos que hay que entender que «más también hay», eso es lo que nosotros llamamos el Paukar Ñucto.

 

 

 

* 'Shansho Wiksa' es un relato publicado dentro de la iniciativa lanzada por la asociación cultural El Pentágrafo e ILEÓN.COM para recoger escritos con temática relacionada con la actual crisis ocasionada por el coronavirus Covid-19.

Su autor es Rider Panduro Meléndez (Perú), ingeniero agrónomo y con una amplia experiencia en actividades de conservación del Medio Ambiente y Cultura Amazónica. Es autor y co-autor de diversos libros y artículos científicos relacionados principalmente a la conservación de la biodiversidad y el desarrollo socio-cultural de las comunidades rurales de la Región San Martín (Perú). Entre sus trabajos destacan el programa Saberes Productivos en donde los adultos mayores transmiten sus saberes ancestrales a la población infantil y juvenil de las instituciones educativas de la zona.

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