Pintura

Manolo Sierra regresa a Villablino para mostrar sus “cajitas mágicas” rebosantes de color y belleza

El pintor abre una muestra en su sala de exposiciones particular de Villablino, El Bodegón.

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Manolo Sierra, en su exposición en Villablino. / Luis Álvarez
Luis Álvarez | 24/10/2020 - 16:47h.

La exposición que el pintor Manolo Sierra abre en Villablino no tiene fecha de clausura. Esa es una de las razones que nos explicaba del porqué no tiene fecha de cierre. "Hay que respetar las normas de seguridad y así la gente sabe que no tiene prisa en acudir", ampliando el tiempo permitirá espaciar más las visitas.

Pese a la pandemia se presenta con esta exposición en Villablino, "justo por eso, porque hay pandemia", quiere que no caigamos en el desánimo, "tampoco yo quiero que el desánimo se adueñe de mí y por eso creo que debemos seguir haciendo lo que teníamos pensado hacer" y además es una excelente excusa "para poder venir a pasar unos días".

La muestra está compuesta por 20 cajas de madera con tapa de cristal que albergan en su interior pequeños cuadros (bodegones, interiores, paisajes y elementos de la naturaleza). La técnica es mixta, acrílico y óleo sobre tela o madera: dos portafolios con tres litografías cada uno "flores en agua" y "tres interiores de invierno" y una estampación de un "paisaje de pueblo con nieve".

Le pregunté cómo le surgió la idea de las cajas. "La anterior exposición que hice aquí era con cajas de vino y botellas con etiquetas", en julio de 2018 con el nombre genérico de "Vino", "dejó ya las estanterías colocadas en El Bodegón, por eso busqué algo que se pudiese posar o apoyar en lugar de colgar".

Según nos confirmó, acabó con todas las cajitas de las tiendas que conoce, "me dije, todas para mí". Luego quitarles los accesorios interiores para colocarles una base dentro, sobre la que colocar el cuadro separado del fondo. Todo un proceso de creación, que pone un toque de originalidad añadido a esta muestra a la que no le ha puesto nombre genérico, "aunque había pensado en pintura para llevar".

Exposición de Luis Sierra en Villablino. / Luis Álvarez
Exposición de Luis Sierra en Villablino. / Luis Álvarez

En nuestra conversación con el pintor atisbamos algunos de los hábitos o métodos de trabajo de Sierra. Este tiempo de pandemia y confinamientos "para mí es ideal, para el trabajo de taller (prefiere llamarle así, en lugar de trabajo de estudio), pues necesito silencio, aislamiento y que no me den la brasa". No es lo mismo para los murales.

Y aprovechando que surge el asunto de los murales, hablamos sobre su gran trabajo en Lago de Babia y la buena acogida de público y visitas que está teniendo la musealización del pueblo. "Lo importante ahí es el empeño de la gente del pueblo y la unión, para apenas una docena de vecinos lograr fondos y aportaciones personales para poder hacer el trabajo. Son unos murales muy interactivos con los vecinos, estaban a mi lado todo el tiempo comentando, sugiriendo, proponiendo, fueron unos días maravillosos los que pude pasar trabajando en el pueblo", con la gente al lado.

Estas cajitas son también de fabricación en territorio babiano "en julio estuve en Cabrillanes (en la casa familiar) y fue donde pinté lo que veía, tanto en casa, como fuera, son pinturas de lo cotidiano".

Sobre los murales, nos confesó, que cuando va a empezar el trabajo "siempre sientes como un temor, nervios, doy vueltas sobre el andamio, de un lado al otro, braceo los tamaños, cuento los pasos". No toma medidas de otra forma, no cuadricula la base, todo va a ojo; y un pequeño secreto, "los trazos, para que me salgan limpios, los hago solo el tiempo que puedo estar sin respirar, aguantando la respiración".

Manolo Sierra es un pintor de contrastes en los tamaños, siempre fiel a su estilo. En Villablino se puede contemplar ahora esa interpretación personal del pintor en la concepción del arte y los espacios. Viendo el inmenso mural del hall central de la Casa de la Cultura de 14 metros de alto por 4 metros de ancho, que empezó a pintar el 3 de marzo de 1987 y acabó poco más de dos semanas después. O el también gran mural de la calle Sierra Pambley de más de 20 metros de largo por dos de alto. Y compararlos con los pequeños cuadros de las "cajitas mágicas", que casi semejan algunos de ellos pequeñas miniaturas.

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