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Análisis

Pueblos, ¿quién vive ahí?

En los últimos 20 años las zonas rurales de la provincia se han visto afectadas por el éxodo a las ciudades en busca de recursos y trabajo. Hacemos un repaso por los pueblos abandonados de León.

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Los Urdiales de Colinas, en Igüeña.
Sara M. | 11/10/2011 - 07:10h.

El debate sobre la despoblación en el medio rural es ya todo un clásico. Desde la década de los ochenta, la falta de trabajo y el intento en algunos casos de dejar atrás una economía de subsistencia se convirtieron en ejes centrales del éxodo a las grandes ciudades. La pérdida de habitantes resultó muy significativa en la mayoría de los casos, provacondo grandes mermas de población que trajeron consigo nuevas denominaciones para las pedanías rurales. Ahora estamos familiarizados con conceptos como despoblado, abandonado, semiabandonado o repoblado.

En algunos casos, municipios que representaron centros económicos y poblacionales en otra época pasaron a convertirse en pequeños núcleos, como es el caso de Igüeña, con 2.843 vecinos en 1981 y 1.438 en el último estudio realizado por la Diputación fechado en 2009; o Boñar, que ha visto reducido su censo en más de 1.000 ciudadanos en menos de 20 años, de 3.270 en 1.981 a menos de 2000 en la actualidad.

La mayoría de los datos pintan un panorama desolador para las pedanías rurales, las más pobladas han disminuído su población casi o más que la mitad mientras que las aldeas más pequeñas, en algunos casos, no cuentan ya con habitantes permanentes. En esta línea se pueden poner cuantiosos ejemplos. Tabanedo y Rodillazo, pertenecientes a Cármenes contaban ya en el 2009 con menos de cinco habitantes y Barrosas, dependiente de Barjas, tenía tan sólo con un habitante. Significativo es el caso de valles como el de Ancares o Fornela, en El Bierzo, que cuentan con menos de treinta habitantes censados en todo el valle y en periodo estival ven multiplicar su población por cuatro.

La lista de pueblos abandonados a despoblados que ya no se encuentran en situación de habitabilidad también es amplia. Castellanos, en Berlanga de Bierzo, lleva completamente deshabitado desde 1.960; el Poblado Minero de Veneros, en Boñar, contaba únicamente con 12 habitantes en 1981 y ninguno a partir de 1986. Podrían citarse muchos más, Los Montes de la Ermita, Urdiales de Colinas o Santibáñez de Montes, en Torre del Bierzo, declarado legalmente muerto hace unos años por la Junta de Castilla y León.

Sólo en el Bierzo se pueden citar Folgoso del Monte en Molinaseca, La Treita en Vega de Valcarce, Santa Lucía en Ponferrada o Paradela en Trabadelo.

Esta escalofriante pérdida de población en numerosos pueblos de la provincia ha servido de revulsivo para otras localidades como es el caso de Ponferrada, cuya población se ha vista muy incrementada en los últimos 20 años, de 52.499 habitantes en 1981 a casi 70.000 en la actualidad.

La gente se muda o se traslada por obligación o por el deseo de un futuro mejor. En la mayor parte de los casos las aldeas nunca se recuperarán y hasta las líneas del trazado de las calles se irán borrando.

Foto portada: Carlos de Francisco

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