Tierra Verde

Hayedos, faedos y otros bosques mágicos del viejo Reino de León

Diez bosques de hayas, arroyos y frescas alfombras de hojas son dignas de descubrirse en el espectacular otoño de la Región Leonesa pero no son los únicos, ya que las provincias de Salamanca o Zamora también demuestran que este territorio es especial para albergar árboles centenarios, incluso milenarios, y rutas para todos los gustos cuando la naturaleza despide el verano.

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ileon.com  | 09/10/2021 - 10:17h.

Es uno de los secretos mejor guardados del viejo Reino de León que, al contrario de lo que muchos piensan, sus provincias esconden algunos de los mejores paisajes de España y, por qué no, de Europa cuando llega el otoño.

Son numerosos los hayedos, y otros bosques de muy diversas especies, que muestran orgullosos el más amplio y fresco abanico de colores que cualquiera sea capaz de imaginar, envolviendo al caminante con una misteriosa magia que evoca tiempos que en ellos se han detenido.

El calor veraniego remite, los días se hacen más cortos, la lluvia y las primeras heladas, luego incluso la nieve incipiente, empujan con delicadeza a las hojas que se deslizan hacia el suelo y crean un manto junto a musgos y riachuelos, senderos, frutos y sorprendente fauna.

La lista de los bosques más mágicos del viejo Reino de León es casi interminable. Tanto que sólo en la provincia de León cuesta quedarse únicamente con diez bosques hayales, a cual más espectacular en esta época del año. Y en Zamora y Salamanca rivalizan y complementan con otras muchas especies arbóreas.

La faya y el roble se citan en el faedo de Orzonaga

Faedo y hayedo son palabras hermanas y en el faedo de Orzonaga, quizás uno de los situados más al sur de la Cordillera Cantábrica en la vertiente leonesa, sea también uno de los más especiales, por mezclarse magistralmente con robles de gran hermosura.

El hayedo de Orzonaga. Imagen de lasendadelhayedo.com
El hayedo de Orzonaga. / Imagen de lasendadelhayedo.com

El pueblo de Orzonaga pertenece al municipio de Matallana de Torío, en la Montaña Central. Su recorrido presenta un ambiente fresco y excelentes ejemplares de ambas especies en el camino del norte del valle que comunica con Llombera y se siente la presencia del corzo a cada paso. Senderos y regueros marcan una ruta tan sencilla como hermosa.

La Boyariza

Inmerso en la ruta de los Puertos de Verano, aquellos que atravesaban los pastores con sus ovejas provenientes de Extremadura, entre las localidades de Geras y Cabornera, en los valles de Gordón, aparece esta ruta bien señalizada, la cual que surca buena parte de las foces, puertos y faedos de la margen izquierda del río Casares.

Es una de las muchas joyas que forman parte de la Reserva de la Biosfera del Alto Bernesga que, además de La Boyariza, entre Paradilla y Geras brinda varias puertas de entrada a bosques escondidos cuya puerta son varios varios puentes y que acaban en foces como Fozafuente o Foceltorno. En este último, un sendero fácil que bordea el arroyo desemboca a bosque de La Boyariza, impresionante.

Busmayor, el Bierzo otoñal

El colorido de los hayedos en esta estación es algo digno de verse y fotografiarse mientras se recorren los paisajes entre el fresco y limpio aire, casi siempre también entre humedad. Es éste el ambiente que se respira en el imponente hayedo de Busmayor, en este caso en la comarca del Bierzo, que aparece tras riachuelos y praderas.

Curso de agua en el hayedo de La Boyariza. / Peio García / ICAL
Curso de agua en el hayedo de La Boyariza. / Peio García / ICAL

Se trata de un circular que comienza y termina en la misma localidad de Busmayor, en el municipio de Barjas, y que siempre ha inspirado a pintores y poetas, a los cuales no es difícil imaginar creando o extasiándose en los cerca de seis kilómetros de caminata. Eso sí, es mejor no despistarse con las quizá demasiadas señales indicativas de varias alternativas.

El Hayedo de Llamazares

En el municipio montañés de Valdelugueros, también en la Montaña Central leonesa, aparece el pequeño y auténtico pueblo de Llamazares, un refugio humano circundado de montaña que apabulla con sus paisajes, especialmente también en el otoño.

Las hojas de interminables colores como manto son la seña de identidad también de su aplaudido hayedo, el cual no atrae tanto como la ya famosa Cueva de Llamazares que en su caso sorprende precisamente bajo tierra y entre la hueca roca caliza. Los más valientes, para los que ambas atracciones naturales todavía no sean suficientes, deberían quizá pensar en realizar la subida a Bodón, el cual también bautiza al propio hayedo.

Hayedo de Carande entre el mito de Riaño

En pleno Parque Regional de la Montaña de Riaño y Mampodre, antes llamado regional de Picos de Europa, se esconden paisajes extraordinarios y difícilmente repetibles, además entre una fauna cantábrica entre la que se cuentan con relativa facilidad osos, venados, lobos y corzos, entre otras especies.

Allí, cerca de Riaño y de su pantano, que marca todo el paisaje, se encuentra la ruta por los montes de Carande. No es muy conocida en esta zona de la montaña aunque cada día lo es más gracias a las iniciativas impulsada cada vez más por el Ayuntamiento de Riaño para poner en valor toda la cara norte de la potente Sierra del Pando.

Parte del pueblo superviviente de Carande, que se libró de la inundación del embalse, y también se la conoce por el nombre de Ruta del Valle de Salio, pueblo que, este sí, sucumbió al agua. En sus variadas sendas del hayedo de Valdecolina y Pelencinos hoy destaca, sobre todo, como Ruta de la Mitología Leonesa, con varias figuras que se irán explicando a los caminantes.

El hayedo de Canseco

Con un recorrido de unos ocho kilómetros, quizá algo más que varios de los anteriores, se llega desde el pueblo de Canseco (municipio de Cármenes), tomando dirección Pontedo, al hayedo del mismo nombre, en la cuenca alta del río Torío.

Detalle del hayyedo de Canseco. / http://enlosmontesdeleon.blogspot.com/
Detalle del hayyedo de Canseco. / http://enlosmontesdeleon.blogspot.com/

No cuenta con ejemplares de aspecto robusto y centenario pero los muros de roca caliza y los cursos de agua hacen no sólo el camino sino la estancia en el propio bosque algo muy particular. Y es que nos encontraremos con una masa de árboles de amplísima extensión, nada habitual, y mucho más natural y menos intervenida para facilitar las cosas al senderista que otras de las mencionadas en este artículo.

San Guillermo esconde otro hayedo

La bastante conocida Ruta de San Guillermo, en Cistierna, en la puerta de la Montaña Oriental leonesa, por si no fuera suficiente por sí misma, guarda el secreto de desviarse en busca del silencio, sintiendo el olor y el tacto suave en los pies de la tierra mojada y las hojas, hasta un hayedo que merece la mucho pena.

No será fácil como otros el acceso, porque cuenta en este caso con una subida bastante empinada, 100 metros de desnivel hasta casi alcanzar los 1.070 de altitud. Pero a cambio, quizá sea posible que la aparición de algún ciervo se convierta en lo único que rompa la calma del lugar.

Ciñera muestra el premiado faedo con nombre propio

Las hayas del bosque de Ciñera de Gordón son de tanto tirón para los amantes del paseo sencillo pero entrañable, también en la Montaña Central de León, también en el Alto Bernesga, que este lugar se llama simplemente 'el Faedo'.

No en vano, el de Ciñera es uno de los 17 parajes españoles más bonitos para realizar senderismo, según decenas de publicaciones, muy conocido desde que en 2007 obtuviera ya el premio al Bosque Mejor Cuidado de España, revalidando su éxito otoño tras otoño.

Se calcula que la magia especial de este lugar está vigilada por su viejo y entrañable inquilino, un haya que podría rondar los cinco siglos de vida y al que se le ha bautizado, incluso: se llama 'Fagus' y forma parte de los 100 elegidos del libro 'Árboles, leyendas vivas'. El éxito de este Faedo estriba en que se alcanza en apenas dos kilómetros, con muchos caminos en madera, aunque en realidad se puede ampliar hasta once kilómetros por el antiguo camino de los mineros hasta la muy cerca aexplotación de una increíblemente gigante mina a cielo abierto de La Hullera Vasco Leonesa.

Dos auténticos monumentos mundiales en Picos de Europa

Si hay un premio mayor ese es el premio de dos hayedos que aguardan en pleno Parque Nacional de Picos de Europa, en la muy desconocida vertiente de la provincia de León. Y ese premio es tan difícil de superar como que ambos bosques son nada menos que Patrimonio de la Humanidad, según lo decidió en 2017 la Unesco. Un premio más para los valles de Valdeón y Sajambre.

Un tronco de haya con forma de cabeza de elefante en el Faedo de Ciñera. / Eduardo Margareto / ICAL
Un tronco de haya con forma de cabeza de elefante en el Faedo de Ciñera. / Eduardo Margareto / ICAL

Se trata de los hayedos de Cuesta Fría y de la Canal de Asotín. En el primer caso, con su guardián centenario, un roblón de siete metros de diámetro, es visitable en una abrupta loma, muy cerca de la Ruta del Cares y la del río Dobra y también en las proximidades de la histórica Senda del Arcediano, aquella que atraviesa el actual Parque Nacional siguiendo las vías construidas por los romanos hace veinte siglos.

El hayedo de la Canal de Asotín es todavía más huidizo, más lejano y difícil de acceso, hasta tal punto que hay que hacer uso de la escalada por una canal de roca que surge desde el pueblo de Cordiñanes para alucinar con su misterio.

Valporquero, bosque y mirador y no sólo cueva

De vuelta a la Montaña Central para cerrar el decálogo de hayedos leoneses más míticos, es fácil de descubrir que Valporquero es mucho más que un bello pueblo enriscado y una Cueva turística de primer orden nacional, que gestiona la Diputación con enorme éxito desde hace más de medio siglo.

También desde la cueva y sus maravillas subterráneas parte un recorrido verdaderamente sencillo, de desnivel muy limitado, apto para toda la familia, y que aunque no muy llamativo en parte de su recorrido, desemboca en un hayedo que sí complementa el mejor sabor de boca de esta zona, que se puede divisar además desde el cercano mirador sobre todo este territorio, único especialmente en otoño.

Al sur del viejo Reino, el Camino de los Prodigios

En la parte sur de la Región Leonesa, en Salamanca, enmarcada en la Reserva de la Biosfera de las Sierras de Béjar y de Francia, se encuentra el conocido como Camino de los Prodigios, un gran atractivo natural y turístico que también en otoño brilla con colores, aromas y sabores propios.

Es hoy un sendero cuidado y circular, que suma unos diez kilómetros, los que separan Miranda del Castañar de Villanueva del Conde, por si fuera aún necesario más, declarados Conjuntos Históricos.

Detalle de la senda hacia el Tejedelo, en Requejo de Sanabria.
Detalle de la senda hacia el Tejedelo, en Requejo de Sanabria.

 

Es en el ascenso a Villanueva del Conde cuando la ruta se embosca en una muy nutrida y espectacular población de ejemplares de madroño que hacen sombra en el camino. Éste, además, está sembrado estratégicamente de obras de arte de varios artistas, como Félix Curto, Alfredo Omaña, Marcos Rodríguez o Pablo S. Herrero.

En la leonesa Sanabria, bajo sombras de tejos

La comarca sanabresa, y en concreto Requejo de Sanabria, nos trae la última parada otoñal inolvidable del viejo Reino de León. Se trata de las preciosa masa forestal que confirman el llamado Tejedelo, también Teixedelo, que no en vano pasa por ser un bosque entre laderas y valles considerado una de las concentraciones de árboles de tejo mejor conservadas de toda la Península Ibérica.

Se calcula que algunos de los más imponentes ejemplares de esta conífera pueden fácilmente haber superado los 1.500 años de vida, marea pensarlo. Presentan algunos hasta ocho metros de grosor en sus troncos rugosos y con musgo y alcanzan los 13 metros de altura, dejando que en otoño se les pueda cosechar los arilos rojos, también llamadas treixas, la cerezas del otoño en la zona.

La ruta recomendable es sencilla, desde Requejo, sencilla y de unos 5,2 kilómetros sumando ida y vuelta. Por el camino, el mirador de Peña del Valadero permite sobrevolar con la vista el Tejedelo, salpicado también de robles y acebos.

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