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Naturaleza

La Junta insiste en cazar lobos pese a que sus estadísticas demuestran su baja conflictividad en León

La Consejería resalta el incremento de ataques a la ganadería del 38,6%, pero en realidad son Ávila y Segovia, al sur del Duero, donde las batidas están prohibidas, las que registran el 73% las agresiones del cánido. En León la cifra se mantiene y los daños bajan.

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Detalle de un lobo abatido por agentes forestales en Asturias.
J. López / ICAL / ileon.com | 25/12/2018 - 19:01h.

La Junta de Castilla y León, afanada en recuperar las cacerías de lobos que tumbaron varias sentencias judiciales, persiste en su intentos de controlar la población de esta especie en todas las provincias al norte del río Duero, incluida la de León, a través de batidas.

Con esta finalidad, la Consejería de Fomento y Medio Ambiente que dirige el consejero leonés Juan Carlos Suárez-Quiñones, continúa insistiendo en datos como que los ataques del lobo a la ganadería crecieron un 38,6 por ciento en Castilla y León, hasta 1.916, y elevaron la cifra de animales muertos por este motivo a 2.709 cabezas en los nueve primeros meses de 2018, un 29,2 por ciento.

Según los últimos datos oficiales disponibles, siete de cada tres pérdidas se produjeron entre el ganado mayor, con lo que conlleva un daño económico más importante. Pero la realidad es que las provincias de Ávila y Segovia, ambas al sur del Duero, son las que registraron el 73 por ciento de las agresiones del cánido en la Comunidad y dos de cada tres muertes.

En un momento en que la caza del lobo está en la punta de iceberg, en la Comunidad se incrementa el número de ataques a la ganadería, uno de los principales enemigos de esta especie simbólica y polémica. Así, se apuntaron 534 ataques más en el último año, si se analiza el acumulado de los tres primeros trimestres, según los datos de la Consejería de Fomento y Medio Ambiente a los que tuvo acceso Ical.

En un año en el que se incrementa el daño a la ganadería se suma la prohibición de su caza en todo el territorio autonómico. El 6 de julio, el Tribunal Superior de Justicia (TSJ) de Castilla y León dictó un auto que adoptaba la suspensión del Plan de Aprovechamiento Cinegéticos del lobo al norte del Duero para tres campañas, desde 2016 a 2019, argumentada en que el expediente administrativo de la tramitación del decreto no contenía un estudio científico que avalara que la caza no ponía en peligro el estado de conservación de la especie. La Junta, una vez subsanadas las cuestiones en las cuales se basaba el auto, solicitó el levantamiento de la medida cautelar de suspensión, sin que en este mes de diciembre exista aún pronunciamiento judicial al respecto. Por tanto, aunque se mantuvo durante meses a pesar de las sentencias, actualmente no se puede cazar el lobo en Castilla y León.

 

No obstante, la Consejería mantiene su "firme" propósito de que, solventadas las cuestiones judiciales anteriormente comentadas, se pueda volver a cazar el animal al norte del Duero, por entender que es una herramienta de gestión que "permite un adecuado control poblacional sin poner en peligro el estado de conservación de la especie".

No en vano, insisten, la población ha aumentado un 20 por ciento en la última década y ya cuenta con numerosos colectivos a favor de reducirla para evitar problemas, precisamente, de conservación.

En la actualidad, según el censo 2012-2014, se contabilizan 297 manadas de lobos en España, de los que 191 campean por territorio de Castilla y León, en ocasiones a caballo con otras regiones vecinas.

En el marco de buscar soluciones, el consejero de Fomento y Medio Ambiente, Juan Carlos Suárez-Quiñones, apostó por la inclusión de prácticas importadas de Francia para mejorar la convivencia entre el lobo y la ganadería extensiva y dio pie a la posibilidad de que el propietario de los animales pueda matar al cánido.

Bajan en Palencia y Salamanca, suben muy poco en León

En estos momento, es complicado vaticinar si este tipo de medidas podrían reducir el número de ataques. Mientras tanto, la cifra no deja de subir. Únicamente en Palencia y en Salamanca se redujeron los ataques. En la primera de ellas cayeron un 26,9 por ciento, con 79, y 86 cabezas muertas (un 15,7 por ciento menos). En la provincia charra bajaron un 49,4 por ciento los primeros, con 42, y un 52,2 por ciento el segundo indicador, con 129. A ellas se suma Soria, donde prácticamente se puede decir que se mantuvieron los indicadores, pues pasó de tres a un ataque y de cinco a tres animales muertos.

El sur, la peor parte

El hecho de que el lobo al sur del Duero no sea especie cinegética ha conllevado históricamente que el número de ataques sea mayor en provincias como Ávila y Segovia. No obstante, en este año 2018, al menos de momento, la situación se ha extendido a toda la Comunidad al estar suspendida la caza también al norte.

Sin embargo, las dos provincias del sur de Castilla y León se han llevado nuevamente la peor parte en estos tres primeros trimestres, pues entre ambas suman el 73 por ciento de las agresiones del cánido, es decir, casi tres de cada cuatro, con 990 en Ávila y un 55,54 por ciento más en el periodo de estudio, y 409 en Segovia, un 53,8; si bien en este mes de diciembre, y según apuntó recientemente la Junta, los datos ya han superado el millar en la primera de ellas.

En este sentido, el número de animales muertos creció en Ávila un 61,1 por ciento, con 1.158 cabezas, y en Segovia, un 51,4 por ciento, con 630. Esto se interpreta en que dos de cada tres pérdidas de ganadería en la Comunidad se produce en ambas provincias.

Los datos reales de León

Por otro lado, destaca el crecimiento porcentual de Valladolid, lo que habla de la presencia de manadas estables. En esta provincia los ataques se han multiplicado por cuatro, con 15 hasta septiembre de 2018, pero han costado 45 muertes, 11 veces más que el pasado año (cuatro pérdidas).

En Zamora, los 170 ataques suponen un 73,5 por ciento más, con 384 animales muertos (41,2 por ciento de incremento), mientras que en León ascienden a 153 agresiones, un 4,8 por ciento más, pero 181 pérdidas animales, que por el contrario suponen un 10 por ciento menos. Por último, en Burgos se registraron 57 ataques, con 93 muertes (54,1 por ciento más y 13,9 por ciento menos, respectivamente).

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